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	<title>Agencia de Noticias IRZA &#187; Crónicas</title>
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		<title>ZTG invita en Tlapehuala a que voten “por el que les dé su regalada gana”</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Sep 2010 03:12:26 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[ZTG invita en Tlapehuala a que voten “por el que les dé su regalada gana”]]></category>
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		<description><![CDATA[Jesús Pintor Alegre/IRZA
Tlapehuala, Gro., septiembre 1 de 2010 (IRZA).- El bullicio de unas 150 personas congregadas en el patio de la telesecundaria de San Antonio de las Huertas, fue acallado cerca del mediodía de este miércoles al escucharse el tableteo de las hélices del helicóptero donde viajaba el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo.
Ya el enfado de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Jesús Pintor Alegre/IRZA<br />
Tlapehuala, Gro., septiembre 1 de 2010 (IRZA).- El bullicio de unas 150 personas congregadas en el patio de la telesecundaria de San Antonio de las Huertas, fue acallado cerca del mediodía de este miércoles al escucharse el tableteo de las hélices del helicóptero donde viajaba el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo.<br />
Ya el enfado de la gente por la actitud de los agentes de Tránsito que no dejaron estacionar los vehículos en la estrecha carretera que se iba a inaugurar, se había desvanecido. La llegada del mandatario estatal produjo nuevas sensaciones.<br />
Vecinos del lugar y algunos funcionarios se aglutinaron en el acceso de la cancha de fútbol donde aterrizaría la nave aérea, allí la intención era si no tocar al mandatario estatal, cuando menos verlo de cerca. Muchos nunca lo habían visto en los años que lleva como gobernador. Y allí estaba la oportunidad.<br />
A Torreblanca Galindo acompañado ya del alcalde Nelson Flores Peñaloza, lo recibió la titular de la Secretaría de Desarrollo Rural (Seder), Gloria María Sierra López, quien la hizo de guía, abrió la explicación de la entrega de apoyos. El avance fue penoso entre el campo cenagoso por las lluvias recién caídas.<br />
Al llegar a las reses, la explicación la dio el subsecretario de la Seder, Juan Manuel Hernández Gardea. Los reporteros gráficos accionaron sus cámaras una y otra vez, de detalles hasta nimios, por el ángulo de esto y lo otro. La cola de personas que siguió al mandatario estatal era de por lo menos 20 metros.<br />
Ya en el estrado, coloreado con un fondo de madera donde se leía “entrega de maquinaria agrícola y sementales bovinos. Inauguración de al pavimentación de la carretera San Antonio de las Huertas-Tlapehuala”, empezó la pasarela.<br />
La bienvenida fue en dos tonos: la del comisario municipal Avelino Peña Huerta, quien rebautizó al jefe del Ejecutivo: Zeferino Torres Blancas y, Nelson Flores, quien dio las gracias por todo lo que ha recibido el municipio.<br />
Gloria Sierra López dio algunos datos, casi reveladores, casi halagos: Tierra Caliente produce 7 toneladas de maíz por hectárea, y la entidad promedia apenas 2.7, la meta del gobierno, dijo, es lograr un promedio de 6, algo de lo que desprendió un chiste y que produjo una tímida sonrisa de los de la fila de enfrente.<br />
Los sentidos se exacerbaron cuando Torreblanca Galindo tomó el micrófono, las fotos otra vez, pero esta vez hasta de celulares, la gente quería perpetuar la imagen del funcionario al que posiblemente veían por primera vez y nunca más.<br />
Zeferino Torreblanca invitó a hacer dos reflexiones: alejarse de poses políticas en estos tiempos tan difíciles, en donde un gobernante que se digne, dijo, estar cerca del pueblo, debe visitar la Tierra Caliente, sobreponiéndose a su fama de violenta.<br />
Y en la otra un balance: el del trabajo del presidente de la República, Felipe Calderón Hinojosa, a quien desde un principio reconoció su triunfo pese a que lo llamaron espurio, un hombre que ha invertido mil millones de pesos tan sólo para la Tierra Caliente, presumió.<br />
Y de allí su rostro se descompuso, la faz casi siempre impasible tomó un color rojizo acamaronado, rompió contra los dirigentes perredistas y volvió a agradecer el buen corazón de Felipe Calderón en un ritmo de altibajos constante.<br />
Aseguró que no mintió a nadie pues no ha sabido ser hipócrita, él, aseguró, ha tratado a todos los guerrerenses por igual “o todos coludos o todos chincolos”. Aprovechó para adelantar que el próximo mes se trasladará a Chicago a dar su informe de gobierno a los migrantes guerrerenses.<br />
El tema del fertilizante y el color rojizo otra vez, que deberían aprovecharse los recursos que se utiliza para la compra del insumo en otros rubros, reclamó, y que le dolía ver a una Tierra Caliente que no producía más pese a su gran potencial. Aplausos y una porra y, la piel del mandatario se relajó.<br />
Una reflexión política más y el tono de nuevo, no se ha metido en las elecciones, aseguró, para luego rechazar que Armando Ríos Piter haya sido su candidato y que tuviera “mi fierro”, la que le ponen a los animales para distinguir a su propietario, aclaró.<br />
La cara subió el máximo de su tono, un rojo encendido que por esa misma emoción, fue trasmitida a los presentes, quienes le aplaudieron a la menor provocación. Calificó como mezquinos a los dirigentes perredistas que entregaron al PRD. Él puso a priistas en su gabinete y no a perredistas que fueran asnos.<br />
Y lapidó: “yo no estoy divorciado del PRD, de los que me divorcio es de los mezquinos”. Y sin embargo, invitó a votar “por el que les dé su regalada gana”. Aplausos largos y las fanfarrias de los instrumentos de la música de viento.<br />
Afuera de la telesecundaria, en el marco de entrada la gente había colocado un adorno de papel picado en tonos amarillos y naranjas con la leyenda: Bienvenido Sr. Gobernador&#8230; que no alcanzó a leer Zeferino Torreblanca pues cortó apresurado el listón para inaugurar la carretera, y luego se retiró para tomar su helicóptero y trasladarse a la comunidad de San Juan Mina. (www.agenciairza.com)</p>
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		<title>De lutos y recuerdos</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Aug 2010 04:57:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<category><![CDATA[20 de agosto de 2010]]></category>
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El Croniquero
Seis tumbas más allá, donde descansa don Bernardo Adame Romero, quien hoy cumpliría noventa y tres años, el mariachi Imperial rompe la serenidad con ‘Las Mañanitas’. Aquí, donde reposa Armando Chavarría Barrera, en la sobriedad del mármol negro, gris y azul que reza: “A los líderes no se les entierra. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>20 de agosto de 2010</p>
<p>El Croniquero</p>
<p>Seis tumbas más allá, donde descansa don Bernardo Adame Romero, quien hoy cumpliría noventa y tres años, el mariachi Imperial rompe la serenidad con ‘Las Mañanitas’. Aquí, donde reposa Armando Chavarría Barrera, en la sobriedad del mármol negro, gris y azul que reza: “A los líderes no se les entierra. Se les siembra para que florezcan”, no hay más de treinta personas, ocho de ellas mujeres, siete guardias del Congreso del estado y tres empleados que terminan de instalar el toldo para la sombra. A don Bernardo, queridísimo en su familia, lo sepultaron apenas el pasado cuatro de julio. A Armando, presidente de la Comisión de Gobierno del Poder Legislativo, lo enterraron el 21 de agosto del año pasado, un día después de ser asesinado a balazos por desconocidos. Hoy los une el destino y la coincidencia de una conmemoración, por un lado los recuerdos y por el otro, también, la exigencia de justicia. Quince minutos después de la hora marcada oficialmente en el programa, las 9:00 horas de este viernes medio nublado y sofocado, allá pegan ya, dolientes, las coplas de ‘Mi padre’: “…y acompañar a mi padre, muy lejos, tal vez hasta el fin del mundo. Porque mi padre era fuerte, era muy inteligente, era mejor que ninguno…” Aquí hay sólo dos coronas, una de la Comisión de Derechos Humanos, toda de flores blancas, y una de Gabriel Alonso Márquez, en toques amarillos, y un arreglo de rosas rojas. También un robot de cámara fija de una empresa privada que lo mismo filma fiestas que cortejos fúnebres, y la chacota de los agentes de seguridad. De aquel lado las cosas ya tomaron cuerpo, en la dicotomía de la tristeza y la alegría que apuntala las añoranzas, con aquello que suena: “…yo soy tu sangre, mi viejo, soy tu silencio y tu tiempo…” De este lado campea el recuerdo de las 7:14 de la mañana del fatídico jueves 20, cuando el líder de uno de los poderes del Estado era abatido a tiros recién subido a su carro para ir a hacer ejercicio físico. Ya pasaron dos horas de cumplirse justo el año del crimen, político, dicen unos, pasional, alegaron otros, absurdo, dicen todos. Seis tumbas más allá las cosas ya llegaron al nivel de “…en la ruleta del amor, apostaré lo que pidas. Al cinco pongo mi amor, al negro pongo el dolor, y al trece pongo mi vida…” Seis tumbas acá, una mujer frondosa utiliza el brazo de la cruz de una cripta vecina para colgar su enorme bolso blanco, que se ve que pesa. Está retrasado media hora el programa. Justo entonces llegan la familia de Armando: su esposa, Martha Idalia Obeso; sus padres, don Baltazar y doña Isabel; sus hermanos, Azucena, Mirna y Lucio, y sus hijos, Inti Armando, Osvaldo y Oscar, con los integrantes de la Comisión de Gobierno del Honorable Congreso, no todos, y algunos diputados, que nunca llegan a ocho de los cuarenta y seis que integran la Legislatura, la mayoría de los cuales juraron aquí hace un año, entre llantos y lamentaciones, no olvidar a su líder y tampoco el reclamo de que se esclarezca su crimen. De aquel lado la melancolía ha subido de tono. Se oyen coplas sobre carreras de caballos: “…toda la gente decía, que aquel caballo venía, especialmente a ganar…” De este lado ya están los pocos diputados: Héctor Vicario, Efraín Ramos, Cesáreo Guzmán, Enrique Herrera, Catalino Duarte, Luis Palacios, Sebastián de la Rosa, los periodistas y el resto de los asistentes, amigos, familiares y conocidos del líder victimado, en total no más de 120 personas. Y como si los programas estuvieran convenidos, justo cuando en aquella rememoración culminaba la narración musical de la epopeya del ‘Moro de Cumpas’, o mejor dicho, del ‘Zaino de Aguaprieta’, que fue el que ganó, en esta la banda de música del Gobierno del estado se lanza con algo a modo: ‘Si yo fuera rey’. No falta uno que otro imprudente a quien le entra una llamada en su celular y rompe la seriedad de los acordes con una tonadita jacarandosa. Los dulces tonos del clarinete, acá, pulcros, ajustados, se enfrascan, entonces, en una pugna con las trompetas y el tololoche y los guitarrones que, seis tumbas más allá, se arrancan nada más y nada menos que con ‘Mujeres divinas’, faltaba más, y entonces que todos los dolientes, los de allá y los de acá, se subsumen en un éxtasis que aquí infunde la puntualidad del protocolo con los acordes marcados, y allá, la enjundia de aquello que suena: “…las horas más hermosas de mi vida, las he pasado al lado de una dama. Pudiéramos morir en las cantinas, y nunca lograríamos olvidarlas. Mujeres, oh, mujeres tan divinas, no queda otro camino que adorarlas…” Y entonces el maestro de ceremonias, serio, como todos los de su oficio, que anuncia con adustez la participación de la respetable doña Martha Idalia, viuda de Chavarría. Y ella que, con su admirable fortaleza y su ecuanimidad y su aplomo, empieza a leer algo bellísimo de Octavio Paz: “.,.Has muerto, camarada, en el ardiente amanecer del mundo…” Y de aquel lado, como si hubiera estado planeado, premeditado, en el dolor de ambos dolores, el mariachi que se arranca con algo a punto: “…Acá entre nos, quiero que sepas la verdad, no te he dejado de adorar, allá en mi triste soledad, me han dado ganas de gritar, salir corriendo y preguntar qué es lo que ha sido de tu vida…” Y la voz del grupo en su nivel vernáculo que se mezcla con la estética del Nobel, que insiste: “Y brotan de tu muerte, tu mirada, tu traje azul, tu rostro sorprendido entre la pólvora, tus manos sin violines ni fusiles, desnudamente quietas…” Y entonces que cualquiera se pregunta, en esto de los azares y los destinos, quién diablos es capaz de exigirle a las circunstancias no cruzar dos rememoraciones, igual de dolorosas, en medio del panteón municipal, separadas apenas seis tumbas de distancia una de otra, ambas igual de respetables. A doña Martha, a pesar de todo, se le quiebran las palabras, acá, pero prosigue: “…Yo recuerdo tu voz. La luz del valle nos tocaba las sienes, hiriéndonos espadas resplandores…” Y allá que se sueltan con ‘Juan Colorado’, recordando la alegría eterna de don Bernardo. Y doña Martha que lee, con un nudo en la garganta: “…Yo recuerdo tu voz, tu duro gesto, el ademán severo de tus manos…” Y allá que cantan: “…Que viva mi tierra Michoacán, y denme Charanda pa&#8217; brindar, que Juan Colorado aquí está ya, montando en su cuaco el Huracán…” Y doña Martha Idalia, ante sus conocidos, ante sus hijos, ante su gente, que llega al final del poema: “…Has muerto entre los tuyos, por los tuyos. A la orilla del mundo…” Concluida la pieza festiva de aquel lado y la elegía poética de este otro, la banda, acá, que se entona, fijados los ritmos desde los atriles, con ‘Aires surianos’, otra de las memorables, y allá, que se abren, qué caray, con algo igual de motivador, ‘El cantador’: “…Era lindo, mi caballo, era mi amigo más fiel, ligerito, como el rayo, era de muy buena ley…” Y allá las guitarras, las trompetas, los violines y el tololoche, y acá los violines, las percusiones, los cornos y los oboes, allá a capela, aquí con corcheas. Las piezas terminan al mismo tiempo, y mientras de aquel lado se guarda cierto brevísimo receso, aquí se anuncia el mensaje de Efraín Ramos Ramírez, el diputado por Convergencia, integrante de la Comisión de Gobierno, en nombre de toda la Legislatura que Armando Chavarría Barrera presidió en sus primeros casi nueve meses. Y el legislador que le pone énfasis a su discurso. Que inicia con firmeza su alocución, como merece la solemnidad del acto en honor a su colega muerto. Y desde seis tumbas más allá, que se deja escuchar un rasgueo de connotación universal, pero denotativamente regional: “…Tú eres la tristeza de mis ojos, que lloran en silencio por tu amor. Me miro en el espejo y veo en mi rostro, el tiempo que he sufrido por tu amor. Oscura soledad estoy sufriendo, la misma soledad de tu sepulcro…” ¿Así cómo, pues? Y entonces de este lado que por momentos se le quiebra la voz al señor legislador. Y que de pronto, ante la expectación de todos, se detiene un lapso más allá de lo normal para tomar aire. Y continúa, y sostiene que hay que terminar con el actual sistema de justicia, que otorga al Ministerio Público toda la facultad de una investigación, lo cual se presta a no dar con la verdad jurídica. Y que expresa la necesidad de que esa instancia investigadora sea autónoma y supervisada y rinda cuentas, pero sobre todo que esté al servicio de quienes reclaman justicia. De lo contrario, insiste, se mantendrá el paso abierto a la impunidad. Y de aquel lado que sigue la nostalgia, que pega en ambos lados, en los dolientes de allá y en los de acá: “…cómo quisiera, ay, que tú vivieras, que tus ojitos, jamás se hubieran cerrado nunca y estar mirándolos…” Y aquí que se coloca la tercera corona de flores, la del Honorable Congreso, ésta más grande que las otras dos que ya están ahí,  y se montan las guardias de honor en la tumba de mármol negro y gris y azul que reza, en honor a Armando Chavarría Barrera, quien dentro de seis días cumpliría cincuenta y cinco años: “…A los líderes no se les entierra, se les siembra para que florezcan…” Y allá que se despiden de don Bernardo de nuevo con Las Mañanitas, en una de sus muchas versiones, por los noventa y tres años que cumpliría justamente hoy. Y los dos contingentes de dolientes que comienzan a dispersarse, los de don Bernardo para volver a las labores del día, y los de Armando a seguir todo un programa en homenaje por el primer aniversario de su muerte, en su reclamo de justicia. Y los dos grupos que se encaminan a la salida del panteón municipal, hacia la ciudad, de un lado y de otro, cada cual con sus sentimientos…</p>
<p>Comentarios: misionpozole@gmail.com y elinovillanueva@hotmail.com</p>
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		<title>De figuras y olvidos</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Feb 2010 04:32:15 +0000</pubDate>
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Chilpancingo, Gro., febrero 20 de 2010 (IRZA).- Apuntalado en los puros recuerdos, en los momentos felices y en los instantes ingratos de cincuenta y cuatro años menos siete días de su vida, Armando Chavarría Barrera llegó justo al término de las once campanadas sordas de la mañana del sábado 20 de febrero incierto en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Croniquero</p>
<p>Chilpancingo, Gro., febrero 20 de 2010 (IRZA).- Apuntalado en los puros recuerdos, en los momentos felices y en los instantes ingratos de cincuenta y cuatro años menos siete días de su vida, Armando Chavarría Barrera llegó justo al término de las once campanadas sordas de la mañana del sábado 20 de febrero incierto en la catedral de Santa María de la Asunción, mismísimo espacio donde hace casi doscientos años instaló su Primer Congreso de Anáhuac el generalísimo don José María Morelos y Pavón, buscando la igualdad de los prójimos, entre sus vicios y sus virtudes. Saludó a cada uno de los cincuenta y cuatro asistentes, entre ellos siete niños, tres reporteros y un fotógrafo, que dedicaron cincuenta y cuatro minutos justos de sus vidas a recordarlo en el recinto católico más emblemático de la ciudad capital. Esmeralda Castro y Felipe Cruz, los integrantes del coro, fueron los primeros en darle el tono, desde el púlpito, al mediodía melancólico: cambiaron los cánticos propios de la Cuaresma, el Aleluya sempiterno, reciente el Miércoles de ceniza, por los acústicos del deseo por el descanso de los fallecidos: <em>“Las puertas de la nueva ciudad se abren para ti. Y Dios, tu amigo, te salvará. Verás el nuevo día, el nuevo sol. Verás la nueva vida: resurrección. El pan de vida, Dios es amor…”</em> Y entonces los ojos de más de dos, o tres, que se humedecen y que quieren llorar, que quieren gritar, que quieren reclamar por el asesinato que sigue impune. Y tal si no fuera poca cosa, el sacerdote que se lanza a sermonear a los presentes con la alegoría en la cual se platica la historia del encuentro de Jesús con Levi, un recaudador de rentas de la época de las crucifixiones. La palabra, dicen los conductores de la misa en honor del ex aspirante a la Rectoría de la Universidad, ex director del Instituto para la Educación de los Adultos, ex diputado federal, ex senador de la República, ex secretario general de Gobierno y ex aspirante a gobernador, es la tolerancia y el sentido común, la comunión con los demás. “Para muchos —dice el prelado—, a seis meses de su muerte, el licenciado Armando sigue siendo inspiración y motivo de ejemplo. Que Dios lo tenga en su lugar…” Ciento ochenta y tres días y veintiocho horas y dieciocho minutos después de que varias cabronas, malditas, canijas balas entraron en su cuerpo —una, mortal por necesidad, por su frente— y le cortaron la existencia material, física, Armando entró a la catedral y se sentó en medio de donde ya estaban sus amigos y su egregia, bella esposa, enfundada ella en una blusa preciosa color perla y un pantalón negro. No estaban Azucena ni Mirna, sus hermanas, ellas sabrán por qué. “Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo…”, se oye en la homilía. Y entonces que el sacerdote, impelido por la orden pagada de la misa de los seis meses del sepelio, explica ante todos que la alusión a San Mateo y Levi se refiere al servidor público que, agradecido por los favores, organiza una fiesta en honor de su protector. Insiste en que en todos quienes conocieron, en idéntico ejemplo, a Armando Chavarría, debía caber el agradecimiento porque los puso al servicio de los demás. Nadie que voltea. Como quiera, es obvio: nadie del Polo Guerrerense de Izquierda, que él fundó. Nadie del Partido de la Revolución Democrática, en ese plan. Nadie del Secretariado Estatal del partido, que tantas veces presidió. Nadie del Gobierno del estado, donde ocupó la Secretaría General, el segundo cargo político en importancia, pudiendo haber sido el candidato a la gubernatura en el 2005. Nadie del Congreso del Estado, donde fue líder hasta antes de que una sobredosis de plomo acabara con su vida aquel fatídico 20 de agosto, cuando iba a hacer ejercicio, siete días antes de su cumpleaños, tempranito. Nadie de la Universidad Autónoma de Guerrero, de la cual pretendió ser rector por lo menos en dos ocasiones. La liturgia avanza y, cabalísticos o no, los cincuenta y cuatro minutos de los cincuenta y cuatro asistentes a la celebración de los seis meses de las exequias del líder, sirven para notar quiénes sí acuden a la conmemoración. Ahí andan el ex alcalde de Tixtla, Edgar Astudillo; Rubén García Medina, ex regidor; el ex alcalde de Quechultenango, Bernardo Ortega, y Nelson Valle, el más encumbrado de los funcionarios del Congreso del Estado. Ahí anda, desde temprano, el abogado Arturo Luna, celular al cinto y llavero de USB en ristre. Y, claro, desde el principio, están presentes Héctor Astudillo y Mercedes Calvo, alcalde de la ciudad y presidenta del DIF, amigos de la familia. Todo va bien, hasta que, de pronto, irrumpen en la misa, para cumplir su encomienda, quienes juraron ser los fieles seguidores de su proceso y exigentes de que se haga justicia. Llegan, en montón, pero ordenados, los diputados locales, sus últimos compañeros en las lides políticas. Florentino Cruz, ex rector, apodado La Milpa (“<em>Mil pa ti, mil pa mí. Hoy por Rogelio, mañana por ti”</em>), diputado local, presidente de la Comisión de Educación. Antonio Galarza, legislador panista. Efraín Ramos, presunto imparcial, que saluda efusivo al difunto, como siempre.  Luis Edgardo Palacios, que le estrecha la mano fantasmal como si nada hubiera pasado, o como si él nunca se fuera a morir. Victoriano Wences, que lo abraza, afectuoso. Natividad Calixto, que le vuelve a jurar lealtad, por haberlo metido a tomar protesta en contra de la voluntad de los maestros. Rubén Valenzo, que por primera vez se quita el sombrero y abraza al homenajeado. Gisela Ortega, con una blusa sugestiva y una falda más declarada que la imaginación, quien le protesta de nueva cuenta su adhesión, en nombre de su padre, más que de ella. Napoleón Gómez, quien le choca la mano, como si fueran grandes cuates. Lupita Gómez Maganda, quien le da un beso en la mejilla y le repite su solidaridad con un apapacho que parece no terminar. Carlos Jacobo, el pollero, que le promete algo de lo cual nadie se entera. Y al final, Héctor Vicario Castrejón, igual que él, aspirante a gobernador, que le promete, una vez más, su fidelidad para siempre y hasta la victoria, como si siguieran en los mítines de estudiantes de aquellas épocas hermosas cuando administraban multitudes atraídas, entre otras cosas, por la singularidad en la pronunciación defectuosa de la erre. Y Celestino Cesáreo, quien lo saluda, pero se sale rápido del sitio porque alega que va a arreglar un asunto de pensiones, aunque se dice consciente de que le debe el cargo a su maestro, ahora con el camposanto como hogar. Así termina la celebración por los seis meses del asesinato de Armando Chavarría, el líder, el poderoso, el sempiterno, el hierático, el dador de cargos o el perdonador de destinos. Por si fuera necesario mayor emotividad, doña Martha Obezo, bellísima, le pide a Armando que la acompañe por todo el recinto y, uno por uno, les agradece a todos los presentes su asistencia. Armando va tras ella, apuntalado, como ya se dijo, en la memoria, en los recuerdos, enfundado en una guayabera blanca, por un momento, y en un traje de estudiante belicoso, por otros ratos. Unos la abrazan, otros la saludan simplemente, pero todos aplauden con genuina afectividad el gesto, mientras el igualteco los mira con recelo, pero perdonándolos, al fin y al cabo. A veces se detiene entre los más cercanos y se funde en un abrazo doliente, mientras Armando saluda a todos con breves palabras, acentuando su defectuosa erre. Recorren juntos, ella y él, él y ella, Martha y Armando, todas las bancas y vuelven a su sitio cuando todos se han manifestado aquello de que “La paz os pido, la paz os doy”. Luego, la invitación del párroco a ir al panteón a continuar la ofrenda en la tumba del homenajeado, en todo el máximo de su presencia ausente, eterna. Y todos, que lentamente, pasados cincuenta y cuatro minutos de la homilía por los cincuenta y cuatro años de Armando, que empiezan a abandonar la sede de la catedral en los primeros ciento ochenta y tres días y veintiocho minutos de que su vida dejó de ser tal y se convirtió en exigencia de justicia. Y enseguida las declaraciones. Astudillo que afirma que Armando fue realmente su amigo, y que con su familia tiene una cercanía realmente genuina y que reclama justicia pronta. Y doña Meche que se funde en un abrazo con la viuda de seis meses. Y Armando Chavarría Obeso, el hijo, ahora huérfano, que declara a los medios, lacónico y final: “Le quieren apostar al olvido”. Y que va más allá, finalmente, igual de lapidario: “igual que otros crímenes, éste lo van a dejar impune…”. (www.agenciairza.com)</p>
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		<title>Crónica de la sesión del Congreso Local en Iguala</title>
		<link>http://www.agenciairza.com/2010/01/cronica-de-la-sesion-del-congreso-local-en-iguala/</link>
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		<pubDate>Sun, 31 Jan 2010 19:56:57 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Destacadas]]></category>
		<category><![CDATA[Noticias]]></category>
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		<description><![CDATA[El gran ausente: el pueblo
Francisco Lara Balderas
Iguala, Gro., enero 30 de 2010.- Mañana nublada, siete ejecutados, la guapa asistente repartiendo gafetes a los periodistas, las sonrisas congeladas de los invitados, los saludos desde sus curules de los diputados y diputadas.
Todo era más importante que escuchar el discurso del diputado Héctor Vicario Castrejón, quien habló a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center">El gran ausente: el pueblo</p>
<p style="text-align: left;">Francisco Lara Balderas</p>
<p>Iguala, Gro., enero 30 de 2010.- Mañana nublada, siete ejecutados, la guapa asistente repartiendo gafetes a los periodistas, las sonrisas congeladas de los invitados, los saludos desde sus curules de los diputados y diputadas.</p>
<p>Todo era más importante que escuchar el discurso del diputado Héctor Vicario Castrejón, quien habló a nombre del Congreso del Estado en la sesión solemne y pública que se realizó este sábado en Iguala.</p>
<p>¿El motivo? Conmemorar que desde hace 160 años los guerrerenses tenemos diputados y que sesionaron por primera vez en Iguala.</p>
<p>No vinieron todos. Sólo 38 de 46, de acuerdo al pase de lista. Con eso había quórum.</p>
<p>Fue un acto entre políticos y servidores públicos estatales y municipales. Se apareció uno que otro (y otra) alcalde de la región.</p>
<p>Las sillas rentadas a la empresa “La Antigua” (al igual que las carpas, por si llovía o hacía mucho sol) fueron ocupadas por ellos.</p>
<p>No llegó el pueblo.</p>
<p>Paradójicamente, el tan llevado y traído pueblo fue el gran ausente en la explanada municipal.</p>
<p>El tan utilizado pueblo (y citado en todos los discursos) le hizo “el feo” a los diputados que presumen que están en ese lugar “para servir al pueblo” y “para trabajar por el pueblo”.</p>
<p>&#8212; Oye, casi no vino gente de la sociedad civil, comentó un reportero.</p>
<p> </p>
<p>&#8212; Más bien no vino nadie de esa sociedad civil, contestó otro, mientras se deleitaba con las curvas de la chica que repartía las acreditaciones a los periodistas y mientras en el micrófono Héctor Vicario recordaba a los primeros diputados.</p>
<p>¿Por qué no llegó el pueblo? ¿Por la amenaza de lluvia? ¿Por qué tres horas antes habían sido encontrados siete ejecutados en distintos puntos de la ciudad y tenía temor?</p>
<p>Era sábado y el pueblo, antes que ver o escuchar a sus diputados, tenía que salir a trabajar para llevar el alimento a su familia.</p>
<p>Además, el pueblo ya se cansó de sus supuestos representados y, en este caso, de sus legisladores, aunque seguramente ninguno de ellos se dio cuenta de esa importante ausencia.</p>
<p>Era más importante mantener la sonrisa congelada para la foto que saldría al otro día en los periódicos. Era más importante que la sesión terminara para que muchos de ellos (y ellas) se fueran con sus cuates a tomarse unas cervezas o unos wiskis.</p>
<p>Lo rescatable fue que varios legisladores llegaron a Iguala desde un día anterior y se gastaron aquí en hospedaje, alimentación y “chucherías las jugosas dietas que reciben por “trabajar por el pueblo”.</p>
<p>El alcalde Raúl Tovar Tavera fue un buen anfitrión, a pesar de la pena que todavía le embarga por la muerte de su esposa Ana Ferrer hace ya casi un mes.</p>
<p>La lluvia se esperó y cayó sobre la explanada (y sobre la ciudad) dos horas después.</p>
<p>&#8212; Nos vemos el próximo año, dijo un legislador, sin estar seguro de que vendrá, pues el 30 de enero del 2011 será la elección de gobernador y muchos de los actuales diputados estarán acarreando gente para que ganan sus candidatos.</p>
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