FILOR MAYOR

Jaime Irra Carceda

*Quiénes pretenden desestabilizar al gobierno de AAR?

Coincido plenamente con quienes opinan que los hechos suscitados al sur de esta ciudad, sobre la autopista del sol, a la altura del hotel Parador del Marqués, el pasado 12 de diciembre, en los que lamentablemente fueron asesinados dos estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, pudieron ser urdidos por “fuerzas oscuras” que pretenden desestabilizar al gobierno de Angel Aguirre Rivero y, en consecuencia, provocar su caída.
José Camilo Valenzuela, perredista y dirigente de la Red de Izquierda Revolucionaria (Redir), Nicolás Chávez Adame, líder de la Asamblea Popular de los Pueblos de Guerrero (Appg) y Héctor Manuel Popoca Boone, asesor del mandatario estatal, son algunas voces que han coincidido, con sus particulares matices, en la hipótesis de la utilización por “fuerzas oscuras” de los normalistas como carne de cañón y el complot contra Aguirre Rivero.

Pero veamos, precisemos.

A consecuencia de la masacre del vado de Aguas Blancas, municipio de Coyuca de Benítez, perpetrada el 28 de junio de 1995, con el saldo trágico de 17 personas asesinadas por las balas de la otrora Policía Motorizada del gobierno del estado, Rubén Figueroa Alcocer fue destituido el 12 de marzo de 1996 como mandatario de Guerrero y, ese mismo día Angel Aguirre Rivero fue ungido como gobernador interino (1996-1999)
Aguirre, quien era el presidente del comité estatal del PRI, según se ha difundido desde entonces llega a la gubernatura interina a propuesta del defenestrado Figueroa Alcocer.
Sin embargo, ya instalado en el poder, el interino se opone a que su predecesor “manotee” en la administración estatal, lo que causa en este un fuerte y envenenado resentimiento. Hay ruptura entre ambos.
Pasan los años y llega el momento en el que el PRI inicia su proceso interno para seleccionar a quien sería su candidato a la gubernatura (1999-2055). Se lanza la convocatoria y en la contienda se registran René Juárez Cisneros y Florencio Salazar Adame (actual embajador de México en Colombia), pero, se dice que tardíamente, irrumpe también como precandidato el ahora alcalde de Acapulco, Manuel Añorve Baños, hombre que en ese entonces era de todas las confianzas y afectos de Aguirre Rivero.
Al final de cuentas Juárez Cisneros fue quien ganó la postulación a la gubernatura pero, rencoroso como es, generó otro envenenado resentimiento contra su antecesor a quien le reprochó y le reprocha que haya alentado la participación de Añorve Baños, quien estuvo cerca de ser el nominado para el gobierno de Guerrero. Otra ruptura.
Pasan los años y, otra vez, el PRI entra en su proceso para lanzar candidato a la gubernatura, ahora para un periodo de 4 años y ocho meses. A mediados del 2010 este partido vivía otro drama político. Los precandidatos eran Aguirre Rivero y Añorve Baños. El primero dominaba todas las encuestas, pero finalmente la cúpula priista nacional, con la opinión de Figueroa Alcocer y de Juárez Cisneros, decidió que el segundo fuera el abanderado.
Como ya sabemos Aguirre Rivero, al ser rechazado en el PRI, fue postulado candidato al gobierno de Guerrero por la coalición PRD-PT-Convergencia, con la evidente oposición del gobernador Zeferino Torreblanca Galindo, quien hizo todo lo posible para que el candidato fuera el diputado federal (PRD), Armando Ríos Piter, pero Aguirre ganó los comicios del 30 de enero del año pasado y hoy es el titular del Ejecutivo guerrerense.
Ya instalado en el poder, Aguirre mueve a la Contraloría estatal, a cargo de Julio César Hernández Martínez, y se inician investigaciones sobre el funcionamiento contable y administrativo del sexenio anterior, en varias dependencias, pero particularmente en la Secretaría de Salud, en donde fueron detectados oscuros manejos financieros por miles de millones de pesos.
La administración anterior estaba en entredicho, lo que empujó a Zeferino Torreblanca a aparecer en escena para defenderse de “los ataques” de Aguirre, salió del mundo de telarañas en el que estaba escondido, vino a Guerrero y acusó al actual mandatario de ser un “perro del mal” que no respetó las “reglas no escritas” que, según él, dictan que el gobernador que entra no debe actuar contra el que sale, vaya, por muy corrupto que haya sido el gobierno anterior, no habría por qué destapar aquella cloaca. Una ruptura más. Más resentimientos.
Así es que la hipótesis del complot para desestabilizar a la actual administración estatal utilizando a los normalistas, complot en el que en base a estos razonamientos podrían estar implicados los citados ex gobernadores, no es descabellada.
Ambos, Figueroa Alcocer y Zeferino Torreblanca públicamente han aceptado que son amigos, como también este lo es de Juárez Cisneros, al que jamás persiguió en acato de la tal “regla no escrita”, lo que revela un alto grado de complicidad.
Nicolás Chávez Adame dijo el pasado 11 de este mes (periódico El Sur del día 12), que habría que revisar los hechos del 12 de diciembre para llegar a saber quién “aconsejó” o “asesoró” a la “cúpula” de la dirigencia de los normalistas de Ayotzinapa, que de manera imprevista ese mismo día por la mañana canceló una reunión con 32 miembros de la APPG, para, en cambio, marchar hacia la autopista del sol y bloquearla, con el lamentable desenlace ya conocido. Popoca Boone sostiene que hay fuerzas oscuras que se insertan en los movimientos sociales, en tanto que Camilo Valenzuela hace apuntes muy parecidos. filomayor2011@hotmail.com

Leer más sobre: