Adiós al emperador
Fernando Polanco Ochoa /IRZA (Primera de tres entregas)
Chilpancingo, Gro., marzo 14 de 2011 (IRZA).- En 16 días terminará una administración estatal de misticismo, retórica y corrupción.
Del “no nos falles” del 6 de febrero del 2005 al “lárgate de Guerrero” en marzo del 2011.
Del júbilo a la decepción, al desencanto, al hartazgo, a la ignominia.
El primer segundo de abril próximo, terminará un gobierno de seis años, que más bien parecieron una eternidad, de amiguismos y compadrazgos, de complacencias y complicidades en lo privado, que en lo público intentaron matizarse, pero al final del sexenio quedaron al descubierto.
A ocho meses de que Zeferino Torreblanca Galindo rindió protesta como gobernador de la entidad, generando una gran expectativa y esperanza social, el 30 de octubre del 2005, los de Guerrero, fueron considerados por la consultora política internacional, Giovanna Peñaflor, como pronósticos reservados por los hechos que apenas en ese lapso de tiempo fueron descritos por los medios de comunicación.
Entrevistada por la Agencia de Noticias IRZA, Giovana Peñaflor consideró que “en un Gobierno –que se presume ser democrático-, no se puede actuar como emperador”, en ocho meses ya era considerado Torreblanca Galindo como un hombre con esas actitudes.
Consideró que si el partido que perdió las elecciones gubernamentales el seis de febrero del 2005 –el PRI-, no asumió su papel de oposición después de haber conducido los destinos de Guerrero por más de 70 años, “habrá más exigencias que se trasladarán a las calles, quedando latente un estallido social”.
Giovanna Peñaflor, en el 2005 cuando concedió la entrevista a IRZA, se desempeñaba como gerente general de Estudios Sociológicos, Mercadotecnia y Opinión Pública (IMASEN).
Fue entrevistada en uno de los recesos del Seminario Internacional de Dirección Política Ganar, el único objetivo, realizado por la Universidad Iberoamericana en la Ciudad de México.
Donde dijo que la falta de respuesta social del gobernador Zeferino Torreblanca podría motivar a la sociedad a extremar sus exigencias, sin importar que en esos primeros ocho meses de mandato, ya se hubieran dado cuatro represiones en Guerrero.
Peñaflor, es miembro de la Asociación Latinoamericana de Consultores Políticos y del Centro Interamericano de Gerencia Política, con sede en el Distrito Federal, y catedrática de la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Explicó que los gobernantes electos que derrocan un sistema predominante y que no asumen su responsabilidad con la sociedad que les otorgó su respaldo en las urnas, negándose a dar respuesta inmediata a sus carencias, consideran que su encumbramiento lo hicieron por méritos propios, sin que le deban nada a nadie, denominándose esto como “meritocracia”.
Indicó que este tipo de gobernantes, como fue el caso del presidente peruano, Alberto Fujimori, culpan a los medios de comunicación de generar inestabilidad social y política porque ellos –los meritocráticos-, no quieren asumir su responsabilidad. La Crítica les incomoda.
Esa opinión de Giovana Peñaflor, fue exactamente una radiografía de lo que ocurrió en los seis años del gobierno de Guerrero, en el que siempre estuvo latente un estallido social, aunque éste no llegó, pero siempre estuvo latente.
En cambio, lo que sí ocurrió en Guerrero fue el incremento de la violencia criminal provocada por la disputa del territorio entre cárteles de la droga y asesinatos políticos, que han convulsionado a todos los sectores sociales de la entidad.
Sobre este caso, el 15 de febrero del 2006, la en ese entonces diputada federal del PRD, Eliania García Laguna, entrevistada en la ciudad de México por IRZA, insistió en que el general retirado Juan Heriberto Salinas Altés, secretario de Seguridad Pública y Protección Civicl de Guerrero, no tenía autoridad moral para luchar contra el crimen organizado porque en 1997 fue señalado e investigado por la Oficina para el Control de Drogas Estadounidense (DEA por sus siglas en inglés), “por sospechoso” por presuntos vínculos delictivos con el cartel de Juárez.
García Laguna dijo que Salinas Altés “aparte de su incapacidad”, tiene una trayectoria que no permite la confianza a los distintos sectores de la ciudadanía de que su seguridad física y patrimonial estarían a buen resguardo.
Mencionó que “la investigación que la DEA abrió en 1997 en contra de Salinas Altés, cuando menos debería tener una expresión de cuidado por parte del gobernador Zeferino Torreblanca. La historia de Salinas Altés, tendría que ser considerada en su misma trayectoria como militar, su conducción de militares pertenecientes al Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales conocidos como Gafes, que son el germen de lo que posteriormente fueron Los Zetas, sus historias de represión en Guerrero, son algunos elementos que tendrían que ser considerados para que pensemos que no tiene la autoridad moral para tener bajo su mando la responsabilidad que tiene”.
El secretario de Seguridad Pública en Guerrero, fue comandante de la novena región militar con sede en Acapulco en la época de mayor represión contra perredistas en el gobierno de José Francisco Ruiz Massieu, lo que motivó una recomendación en su contra de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por violación de las garantías y derechos fundamentales.
Salinas Altés fue también jefe del Estado Mayor presidencial en el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León cuando se formaron los grupos paramilitares en el estado de Chiapas. En 1997, la DEA lo acusó de tener nexos con el cártel de Juárez.
Durante el gobierno de Zeferino Torreblanca Galindo, el primer hecho de violencia que estremeció a los acapulqueños y guerrerenses en general, ocurrió el 27 de enero del 2006 frente a la iglesia de la colonia Garita. Fue el primer enfrentamiento entre bandas del crimen organizado y policías preventivos del puerto que duró, según reportes policíacos, 10 minutos con saldo de cuatro hombres muertos entre ellos un presunto lugarteniente del jefe del cártel de Sinaloa, Joaquín “El Chapo” Guzmán, Carlos Esteban Landeros.
Resultaron heridos cuatro policías, dos presuntos sicarios que huyeron a pie y dos civiles que pasaban por el lugar. Por el fuego cruzado detonaron decenas de balas que se encontraban en una de las camionetas que ardió en llamas sobre la avenida Cuauhtémoc. Dos días después aparecieron los primeros decapitados cuyas cabezas fueron colocadas frente a las instalaciones de delegación del IMSS con mensajes dirigidos en contra de elementos de la Policía de Acapulco a quienes señalaron de tener nexos con el crimen organizado.
A partir de entonces y hasta este 14 de marzo, los escenarios han sido de muerte y terror.
Tan sólo por citar algunos ejemplos y por esas razones, el gobierno excepcional pasó a la debacle popular, nulo de credibilidad, criticado incluso por el PRD, PT y Convergencia, partidos que lo impulsaron al poder por la coalición electoral “Por un Guerrero Mejor”, el que nunca se observó ni desde lo alto, ni a bordo de un helicóptero que adquirió la Secretaría de Salud en marzo del 2009 para atender casos de mujeres embarazadas en la zona de la Montaña de la entidad, pero que es utilizado por el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo, aeronave que además, que prestó al regidor del PVEM, Fernando Reina Iglesias para que fuera jalado y rompiera un récord guinness de esquí acuático descalzo en la laguna de Pie de la Cuesta de Acapulco, esto, pese a que Guerrero mantiene el primer lugar nacional en muertes maternas.
No obstante, la aeronave que le costó al presupuesto del sector Salud de Guerrero 36 millones de pesos, fue negada por el gobernador Zeferino Torreblanca Galindo para que en ella fuera trasladado Guillermo Sánchez Nava, un viejo perredista que fue agredido brutalmente por un grupo de simpatizantes de la coalición Tiempos Mejores para Guerrero, que encabezó Manuel Añorve Baños, en hechos ocurridos en el mes de enero durante el proceso electoral por la gubernatura de Guerrero, que finalmente ganó el 30 de enero el candidato de la alianza Guerrero nos Une, Ángel Aguirre Rivero, quien asumirá el mandato el primer segundo del próximo abril.
Torreblanca Galindo se despedirá de la administración estatal como un personaje solitario, cuestionado y encerrado sólo entre un reducido grupo de incondicionales que, al igual que él, quedarán sellados en la historia por el destino de un gobierno que jamás tuvo rumbo, sin dirección, marcado entre las frases privadas que les decía a sus funcionarios como la de: “cuando comas mole, que no se note, no te manches”, con que quedó al descubierto aunque utilizaran delantal; pareciera que el terremoto y el tsunami de Japón también alcanzó a Guerrero y en Chilpancingo, arrastró las aguas pestilentes del río Huacapa que llenaron el Palacio de Gobierno y la Casa Guerrero y todas las oficinas de la administración estatal.
Torreblanca Galindo, consciente de que en el PRD tiene, como lo ha reconocido, “las puertas cerradas” para seguir en la vida política y buscar otro cargo por la vía electoral, y “a lo mejor hasta aquí llegué porque no voy a cambiar mis convicciones, no voy a ser dúctil y maleable y no voy a ser chicle mis principios para el día de mañana ostentar algún puesto”, se convirtió en un expirante que frustró las expectativas de 589 mil 74 ciudadanos que votaron por él en la elección de gobernador el seis de febrero del 2005 y de todos los guerrerenses que le dieron su confianza ante la promesa de consolidar una nueva opción de gobierno ante el hartazgo de los gobiernos priistas, pero con acciones y posturas incomprendidas hasta por él mismo, por su postura, por sus políticas extrañas, muchos dicen que su lengua siempre lo traicionó, que siempre le ganó a su cerebro.
Aunque intentó siempre justificar una y otra vez sus yerros, culpando a los medios de comunicación por sus críticas, argumentando que recibió constantes ataques porque no les dio dinero para que hablaran bien de él y objetando que primero tuvo que “ordenar la casa”, llegó al grado tal de retar al final de su gobierno, al gobernador electo, Ángel Aguirre Rivero, a “superar” lo que hizo en su administración, anticipando un blindaje a su gestión ante los cuestionamientos de la sociedad, pero aferrado a “un estilo particular de gobernar”, tan especial que se quedó solo, después de ser el Zorro, el hombre de la Z, para quedarse como el Llanero Solitito. Este lunes 14 de marzo, Zeferino Torreblanca Galindo cumplió un año más de vida, nadie dijo cuántos, sólo se informó que lo festejó solo. (www.agenciairza.com)


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