Crónica de la sesión del Congreso Local en Iguala
El gran ausente: el pueblo
Francisco Lara Balderas
Iguala, Gro., enero 30 de 2010.- Mañana nublada, siete ejecutados, la guapa asistente repartiendo gafetes a los periodistas, las sonrisas congeladas de los invitados, los saludos desde sus curules de los diputados y diputadas.
Todo era más importante que escuchar el discurso del diputado Héctor Vicario Castrejón, quien habló a nombre del Congreso del Estado en la sesión solemne y pública que se realizó este sábado en Iguala.
¿El motivo? Conmemorar que desde hace 160 años los guerrerenses tenemos diputados y que sesionaron por primera vez en Iguala.
No vinieron todos. Sólo 38 de 46, de acuerdo al pase de lista. Con eso había quórum.
Fue un acto entre políticos y servidores públicos estatales y municipales. Se apareció uno que otro (y otra) alcalde de la región.
Las sillas rentadas a la empresa “La Antigua” (al igual que las carpas, por si llovía o hacía mucho sol) fueron ocupadas por ellos.
No llegó el pueblo.
Paradójicamente, el tan llevado y traído pueblo fue el gran ausente en la explanada municipal.
El tan utilizado pueblo (y citado en todos los discursos) le hizo “el feo” a los diputados que presumen que están en ese lugar “para servir al pueblo” y “para trabajar por el pueblo”.
— Oye, casi no vino gente de la sociedad civil, comentó un reportero.
— Más bien no vino nadie de esa sociedad civil, contestó otro, mientras se deleitaba con las curvas de la chica que repartía las acreditaciones a los periodistas y mientras en el micrófono Héctor Vicario recordaba a los primeros diputados.
¿Por qué no llegó el pueblo? ¿Por la amenaza de lluvia? ¿Por qué tres horas antes habían sido encontrados siete ejecutados en distintos puntos de la ciudad y tenía temor?
Era sábado y el pueblo, antes que ver o escuchar a sus diputados, tenía que salir a trabajar para llevar el alimento a su familia.
Además, el pueblo ya se cansó de sus supuestos representados y, en este caso, de sus legisladores, aunque seguramente ninguno de ellos se dio cuenta de esa importante ausencia.
Era más importante mantener la sonrisa congelada para la foto que saldría al otro día en los periódicos. Era más importante que la sesión terminara para que muchos de ellos (y ellas) se fueran con sus cuates a tomarse unas cervezas o unos wiskis.
Lo rescatable fue que varios legisladores llegaron a Iguala desde un día anterior y se gastaron aquí en hospedaje, alimentación y “chucherías las jugosas dietas que reciben por “trabajar por el pueblo”.
El alcalde Raúl Tovar Tavera fue un buen anfitrión, a pesar de la pena que todavía le embarga por la muerte de su esposa Ana Ferrer hace ya casi un mes.
La lluvia se esperó y cayó sobre la explanada (y sobre la ciudad) dos horas después.
— Nos vemos el próximo año, dijo un legislador, sin estar seguro de que vendrá, pues el 30 de enero del 2011 será la elección de gobernador y muchos de los actuales diputados estarán acarreando gente para que ganan sus candidatos.


Muy interesante la crónica, y sobre todo en los puntos donde se habla de la sociedad y el cansancio que tenemos de ser utilizados. Sin embargo, sabemos que al final los politicos siguen lucrando con el hambre, la necesidad e ignorancia de la gente y que desgraciadamente entre nuestra gente, hay muy pocos que realmente queramos luchar por algo mejor.